Viajando en bicicleta

Viajar es una de las cosas que más felicidad me dan. Es un encuentro constante, es abrirse a conocer, a escuchar, a entender… Es descubrir nuevos mundos y a su vez redescubrirse a uno mismo.

Al ser amante de los mapas, de las rutas y de los caminos; un día pensé “Que bueno sería poder viajar arriba de una bici!”. Solo fue cuestión de proponérmelo.

Desde aquella vez mi cabeza empezó a volar e imaginar cómo sería. Me puse a leer experiencias, a investigar historias y eso me llevo a conocer personas. Grandes personas.

Se fueron despertando más sueños y más viajes. Recorrer la Ruta 40 en bicicleta es uno de esos que está en la lista . Es un gran desafío: andar por esa ruta descubriendo todos los pueblos y localidades que están ahí, quietos al costado del camino…

Animarse

Un día de octubre del año 2012 encontré en Facebook a Jime y Andrés, una pareja que optó por dejar a un lado los miedos, saltear los obstáculos e ir tras sus sueños. Son mis dos grandes inspiradores. Dejaron su vida en la ciudad para ir a recorrer la ruta 40 en bicicleta uniendo Ushuaia – La Quiaca .

Conocer su historia me sirvió para darme cuenta que hay miles de viajeros y soñadores queriendo ir a conquistar el mundo. Fue ahí cuando empecé a comprender que no estoy sola. Somos muchos los “locos”, los inquietos, que queremos ir a dar la vuelta al globo, ya sea en bici, en moto, en auto, o a dedo.

El año pasado tuve la oportunidad de hacer mi primer viaje en bici , uniendo seis localidades de la Provincia de Buenos Aires: La Plata – San Vicente – San Miguel del Monte – Navarro – Lujan – Capilla del Señor. Y realmente fue una experiencia única. Es muy interesante poder abstraerse un poco y mirar hacia alrededor con otros ojos, dándole más espacio a los sentidos.

Recorrido en bicicleta por la provincia de Buenos Aires.

Pedaleando con el alma

Nunca pensé que podía aprender tanto arriba de una bicicleta.

Uno se conecta con el interior, con la energía del cuerpo, con la propia respiración. Aprende a caerse y a levantarse. A no temerle al viento, ni a la oscuridad del camino. A escucharse, a superarse. Aprende a frenar a tiempo, a descansar, a pensar. A priorizar los propios valores sobre todas las cosas. Uno descubre que la solidaridad, el respeto, la confianza se hacen presentes en la ruta mucho más que en la ciudad.

En bicicleta uno experimenta la libertad de viajar, la independencia de no necesitar de nada más que las propias piernas.

En la ruta se respira distinto, se siente distinto, se vive distinto.

No es lo mismo llegar a un lugar en bicicleta, que hacerlo en otro vehículo. De esta forma el lugar nos atraviesa, nos interpela distinto. Nos conecta de forma directa con las personas que habitan allí, con sus tradiciones, hábitos, costumbres.

Acá les comparto algunas fotos de mi viaje en bici:

A los que tienen ganas de hacer un viaje en bici, no lo duden! Vale la pena hacerlo. Aunque sea un fin de semana a algún lugar cerca. Lo recomiendo 100%, no solo por el hecho de hacer ejercicio físico. Es mucho más lo que se pone en juego cuando uno pedalea: el cuerpo es el propio motor y la sonrisa la carta de presentación.

Comments
  1. Maru - Bitácora Viajera Responder
  2. La Vida de Viaje Responder
  3. Nico Responder
  4. Dale Viaja!!! (@DaleViaja) Responder
  5. Gracia Responder

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