[Tailandia] El día que alquilamos una moto…

Además de subirse a una montaña rusa o tirarse de un paracaídas, hay muchas otras formas de sentir esa sensación de adrenalina y de vértigo. Una de ellas la experimentamos en Tailandia el día que alquilamos una moto.

Todas las personas que cruzamos durante el viaje nos comentan sobre su experiencia en las islas y la gran mayoría concuerda que es un lugar ideal para recorrerlo en moto. Pese a que son islas pequeñas las distancias son largas, y los caminos son montañosos, por lo cual caminando o en bicicleta puede ser muy cansador. Por otro lado, si bien los tuc – tuc (taxis) abundan en las calles y siempre está la posibilidad de regatear el precio, igualmente termina conviniendo la moto ya que es mucho más barata que usando cualquier otro medio.  Y encima si uno cuenta con poco tiempo para recorrer todas las playas es más beneficioso aún.

 Al llegar a Ko Samui bajamos del ferry y tomamos un tuc – tuc en búsqueda de algún alojamiento barato donde quedarnos tres noches en la isla.  Al día siguiente, una vez instaladas y ya sin mochila acuestas fuimos a averiguar por la moto para salir a recorrer la isla y sobre todo conocer las playas!!  (Lo que abunda por toda la isla son locales que alquilen motos ya que desde un quiosco, una agencia de viajes, una farmacia hasta un bar tiene las motos estacionadas en la entrada esperando por los turistas para ser alquiladas!) Caminamos una cuadra, entramos a un negocio que vendía vaya a saber qué, pero que además alquilaba motos. Cancheras, decididas y sin dudarlo entramos y le dijimos a la tailandesa que queríamos rentar una moto, en lo posible la más chica que tenga.

Nos preparan una blanquita con rosa muy sweety. Nos comentan que el alquiler por día era de 300 Bath, pero que por dos días nos la dejan a 400. Por lo que ni lo dudamos y la alquilamos por dos días. Pagamos. Dejamos mi pasaporte como garantía. Le cargan gasolina al tanque y luego  nos entregan la llave.

 

Flor agarra la llave y me mira, y  fue ahí cuando pensamos: “Como carajo manejamos esto!”. Se nos había olvidado un pequeño y gran detalle: Ninguna había manejado una moto. No teníamos ni idea de cómo prenderla y peor aún no sabíamos cómo frenarla. El tailandés que nos acercó la llave hasta la puerta del local nos mira atento -sospecho que se habrá dado cuenta de nuestra ignorancia- , así que tímidamente le pedimos que nos explique como usarla. Tuvimos una clase de 2 minutos -literal- en inglés/tailandés sobre como manejar una moto sin morir en el intento. A simple vista parece todo muy fácil, no hay mayores dificultades Era tan simple como: Levantar la pata con el pie. Meter la llave en el agujero correspondiente. Girarla. Acelerar con mano derecha. Frenar. Bajar la pata para apagar. Y listo!

Genial! Lo saludamos al tailandés agradeciéndole por el curso acelerado y tambaleándonos un poco entre risas y nervios arrancamos hacia el sur de la isla. Pero hubo algunas variables que ni el tailandés ni nosotras tuvimos en cuenta.

Flor llega al piso en puntas de pie, por lo cual intentar frenar sin que se nos venga al suelo la moto es bastante complicado. Otro detalle no menor es que en Tailandia se maneja al revés, por lo tanto en las calles de doble mano los carriles están invertidos. Tarde! Porque de esto recién nos damos cuenta cuando al doblar en una calle vemos que los autos vienen todos en dirección hacia nosotras! (Esta es una de las razones por la cual terminamos en el piso.) Por suerte Flor se tira a la banquina/vereda para salir de la calle y evitar accidente. Pero la moto se nos cae y al querer levantarla Flor se tatúa el caño de escape en su pierna izquierda.

Con ardor en su pierna y con miedo a que la próxima nos tatuemos el asfalto en la cara seguimos avanzando muuuy lentamente hacia el sur. Pero aparecieron las subidas y bajadas altamente pronunciadas entonces bajamos la velocidad a tal punto que la moto temblaba de inestabilidad. En una zona sinuosa y montañosa una curva en subida nos sorprende y la moto empieza a salirse del carril, entonces antes de caer al precipicio nos tiramos a la banquina. Por suerte esta vez salimos ilesas pero ahora la afectada fue la moto! Justo pasa por ahí un ángel en el cuerpo de una rusa que al vernos luchando con la moto frena y se acerca a darnos una mano. En ese instante también pasa un chico  andando en moto,  que al vernos baradas en la banquina no duda en frenar y subirnos nuevamente la moto al asfalto.

El ángel digo la rusa, nos quiso ayudar llevándome en su moto para que Flor continúe un tramo sola así de a poco toma confianza. Desde la otra moto le dábamos ánimo y así ella fue avanzando. La rusa le iba dando indicaciones y la alentaba para que no tenga miedo en acelerar. (Es muy tragi-cómica toda la situación, me arrepiento de no haber grabado ese momento.)

Finalmente llegamos a las playas del Sur!! :)

Costó estacionarla porque aún no logramos aprender a frenar sin caernos pero donde pudimos hicimos aterrizaje de emergencia. Y antes de correr al agua pasamos por una Farmacia a comprar crema para quemadura. (Así como está lleno de lugares que alquilan motos también la isla está invadida de farmacias, qué casualidad no?…)

Después de semejante travesía arriba de una moto el mar y la arena nos esperan:

Y como no podía ser de otro modo, no hay dolor que no cure una buena cerveza!

Después de haber vivido la inolvidable experiencia de viajar en moto sin saber manejar, al día siguiente nos fuimos a conocer las playas del Norte, pero esta vez optamos por la comodidad y viajamos como dos reinas en tuc-tuc!

Comments
  1. Joaquin D'Amico Reply
    • Soñemos con los pies Reply
  2. Maru - Bitácora Viajera Reply

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